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Argentina comienza a dejar atrás la imagen de un país particularmente caro en dólares frente a América Latina, pero ese cambio no alcanza para impulsar el consumo interno ni modifica la preferencia de muchos argentinos por destinos extranjeros como Brasil. Según un informe de Fundar, la relación entre precios y tipo de cambio se acerca al promedio regional, mientras que los bajos ingresos disponibles y los límites de la estrategia de estabilización cambiaria ayudan a explicar por qué esa tendencia no se traduce en una mejora generalizada del bienestar.
El Índice Mensual de Precios Relativos de la entidad registró en julio una caída del 0,3% en los precios argentinos medidos en dólares, por segundo mes consecutivo. Durante ese período, la inflación fue del 2,1%, mientras que el dólar oficial aumentó un 2,4%. La variación del tipo de cambio por encima de los precios internos redujo, de ese modo, el costo relativo de los bienes y servicios del país en moneda estadounidense. Con ese resultado, el nivel general de precios argentino quedó un 1,7% por debajo del promedio latinoamericano. El país pasó a registrar valores inferiores a los de Uruguay, Costa Rica y México, aunque todavía se mantuvo por encima de Chile, Brasil, Colombia, Honduras y Ecuador.

“Lo que encontramos, para sorpresa nuestra, es que no estamos particularmente caros en dólares. Si promediamos todos los bienes y servicios, Argentina está prácticamente en línea con América Latina”, explicó Guido Zack, economista de Fundar, en declaraciones a El Cronista.
La tendencia, sin embargo, mostró un cambio parcial en agosto. Los datos preliminares citados en el informe indican que, con una inflación del 1,7% y una suba del dólar oficial de apenas el 1%, los precios argentinos volvieron a encarecerse un 0,7% en moneda estadounidense. Además, la comparación de largo plazo refleja que el país todavía se encuentra un 74,4% más caro en dólares que en enero de 2021 y un 2,3% por encima del nivel registrado al comienzo del gobierno de Javier Milei.

El promedio general no refleja por igual el costo de todos los productos y servicios. De acuerdo con Fundar, Argentina supera la media regional en cinco de los once grandes rubros analizados: restaurantes, indumentaria, comunicaciones, recreación y equipamiento del hogar. Los restaurantes y la ropa, en particular, presentan los precios más elevados de América Latina. En cambio, los alimentos, la salud, la educación y la vivienda se ubican relativamente por debajo de los valores observados en otros países de la región.

Esa diferencia ayuda a explicar por qué los viajes al exterior pueden resultar más convenientes que algunas alternativas dentro del país. Los gastos que suelen concentrarse durante las vacaciones —como alojamiento, gastronomía, entretenimiento e indumentaria— se encuentran entre los rubros en los que Argentina registra precios altos. “Todo lo que consumimos cuando viajamos —hoteles, restaurantes, recreación e indumentaria— es más caro. Por eso irse de vacaciones a Brasil puede resultar más barato que hacerlo en Mar del Plata”, resumió Zack.
El economista advirtió, no obstante, que la comparación regional no implica que el tipo de cambio actual sea necesariamente adecuado para la economía argentina. Señaló que otros países cuentan con bancos centrales con mayores reservas, Estados con acceso al financiamiento y economías en las que el ahorro no está tan concentrado en dólares. “Automáticamente alguien dice: ‘Entonces está bien el tipo de cambio’. Pero nos estamos comparando con economías que tienen bancos centrales con muchas reservas, Estados con acceso al financiamiento y sectores privados que no ahorran en dólares”, explicó.
Desde esa perspectiva, la escasez de reservas del Banco Central, las dificultades para acceder al crédito internacional y la dolarización del ahorro son factores que, según Zack, justifican la necesidad de considerar un tipo de cambio más alto para sostener la competitividad.
Salarios en dólares, pero menor capacidad de compra
La distancia entre los precios y los ingresos constituye otro de los elementos centrales del diagnóstico. El índice de Fundar compara cuánto cuestan los bienes y servicios en distintos países, pero no determina qué proporción de esos productos puede adquirir una familia con su salario. “Lo que no mide este índice es el poder adquisitivo de los salarios”, aclaró Zack. Y sintetizó la situación con una frase: “ganamos salarios más altos en dólares que no alcanzan para pagar la comida en pesos”.

La apreciación cambiaria elevó el valor de los ingresos expresados en moneda estadounidense, pero esa variación no necesariamente se tradujo en una mejora equivalente del dinero disponible para afrontar los gastos cotidianos. El peso de los servicios, los intereses de las deudas y otros compromisos puede reducir la capacidad de consumo aun cuando el ingreso nominal no registre una caída pronunciada. “Uno puede tener un ingreso que cayó apenas 5%, pero antes destinaba 10% a servicios y ahora destina 20%. Si además hay que pagar intereses por la mayor morosidad, el ingreso disponible termina cayendo todavía más”, señaló el economista.
En ese contexto, el aumento de algunos indicadores de actividad no garantiza una mejora homogénea de las condiciones de vida. Zack sostuvo que el financiamiento del consumo mediante intereses elevados puede profundizar las diferencias entre los hogares. “Cuando una familia de bajos recursos tiene que pagar intereses para financiar su consumo, hay una redistribución regresiva del ingreso”, afirmó.
Los indicadores de ventas muestran las dificultades que atraviesa la demanda. Según los datos de Scentia, el consumo masivo cayó un 1,5% interanual en agosto, mientras que las ventas en supermercados retrocedieron un 3,3%. El consumo continúa, además, por debajo de los niveles de 2023. Así, la mejora de los ingresos medidos en dólares convive con un mercado interno que todavía no consigue una recuperación sostenida. En paralelo, el turismo emisivo mantiene niveles elevados, una posibilidad que no alcanza a todos los sectores de la población. “Una pareja joven con empleo formal y sin hijos, probablemente pueda aprovechar este contexto para viajar al exterior. Pero estamos hablando de un porcentaje muy reducido de la población”, indicó Zack.

También plantea interrogantes sobre la continuidad de una estrategia económica que utiliza la apreciación cambiaria como uno de los instrumentos para contener la inflación. “Todos los planes de estabilización se hicieron con apreciación cambiaria. Nosotros sentimos que ya está llegando un poco a un límite”, sostuvo Zack.
Para el economista, el desafío consiste en diferenciar una política que permite que el tipo de cambio avance por debajo de los precios de otra que acompaña la inflación y fortalece las reservas internacionales. En su análisis, una mayor acumulación de divisas durante el proceso de estabilización habría contribuido a mejorar su sostenibilidad. “No es lo mismo dejar apreciar el tipo de cambio que acompañar la inflación. Si el Banco Central hubiera comprado más reservas durante este proceso, hoy la situación sería mucho más sostenible”, afirmó.
El planteo apunta a que la estabilidad de precios no dependa exclusivamente del comportamiento del dólar. La competitividad, según esta perspectiva, también requiere mejoras en los costos que afrontan las empresas para producir, financiarse y trasladar sus bienes. “La competitividad no la da únicamente la productividad puertas adentro de la empresa. También cuentan los costos logísticos, tributarios, financieros y la infraestructura”, señaló Zack.
En ese sentido, advirtió sobre las dificultades que enfrentan firmas capaces de producir eficientemente, pero que luego deben afrontar costos elevados para llevar sus productos al mercado. “Hay empresas muy eficientes que, cuando sacan el producto de la fábrica, se encuentran con rutas en mal estado, costos elevados y un tipo de cambio que quedó bajo”, concluyó.
El diagnóstico de Fundar expone así una diferencia entre el valor relativo de los precios argentinos y la situación económica de los hogares. Aunque el país dejó de ubicarse entre los más caros de la región en la medición general, el costo de determinados servicios, la pérdida de capacidad de compra y las dificultades para sostener la competitividad mantienen abierto el interrogante sobre el alcance de la recuperación económica.